Enrique Valdivieso ha sido protagonista este viernes en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras con una disertación centrada en el tema 'Trampantojos y engañifas en la pintura barroca sevillana'. Este experto en arte ha comenzado haciendo alusión a los precedentes, dentro de la pintura sevillana, en el empleo de este recurso en el que se juega con la ilusión óptica del espectador, haciendo referencia a maestros como Velázquez, Murillo y Valdés Leal. Asimismo, ha hablado de «otros muchos pintores de interés, pero que hoy en día son poco conocidos».
En cuanto a la palabra trampantojo («engañifa»), proviene del término francés «trompe-l'œil», referido a la técnica pictórica que hace una «trampa ante el ojo» y que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado), la perspectiva, el sombreado, etc. Este tipo de pitura apareció a finales del siglo XVII y tuvo su desarrollo en la primera mitad del siglo XVIII. «Son pinturas que fingen la realidad y cuya intención es la de engañar momentáneamente», ha comentado el catedrático...
En el siglo XVI, Sevilla se convierte en la ciudad más importante del mundo. A ella acudían comerciantes de toda Europa y los mejores artistas procedentes de Italia y de Flandes, que aportaron su maestría en la fisonomía de la ciudad. En el siglo XVI Sevilla se convierte en puerto y puerta del Nuevo Mundo.
En los siglos XVII y XVIIl El barroco en Sevilla, iniciado con una importante renovación urbanística, marcó un período de brillo artístico en la ciudad impulsado por el fervor religioso que el catolicismo impulsó con la contrarreforma, el dique de contención ante la avanzada protestante en Europa.
Este esplendor de las bellas artes fue paralelo a la decadencia política y comercial de la ciudad andaluza, que fue perdiendo importancia en el monopolio del comercio con las colonias americanas y por las epidemias que diezmaron su población.
Conferencia sobre Murillo en Carmona en abril de 2017, recién jubilado:
Conferencia en Espera, Cádiz. 2019
EL PUERTO.- El concejal de Patrimonio Histórico del
Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, David Calleja, anima a asistir
a la conferencia “Un siglo de pintura contemporánea, análisis y
reflexión”, que, bajo la organización de la Asociación Cultural Filomonium,
el catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de
Sevilla Enrique Valdivieso protagonizará este jueves 27 de agosto a
partir de las 20:30 horas en el Hotel Bodega Real.
Calleja destaca la labor que desarrolla Filomonium, entidad que preside Ana Rizo,
y agradece a la institución que inicie un nuevo ciclo de actividades en
el marco de su objetivo, la puesta en valor y defensa del patrimonio
histórico, especialmente el de la ciudad portuense.
La historia de Écija es tan amplia como su riqueza artística. La fundación de la ciudad se sitúa en el siglo VIII antes de Cristo, en el ámbito de la civilización tartésica.
Hasta la conquista romana, hacia el 200
a.C., se trató probablemente de un pequeño poblado turdetano de
cabañas, emplazada en la ligera elevación conocida como Cerro del
Alcázar o de San Gil (“El Picadero”).
La ciudad conoció su mayor etapa de
esplendor durante la dominación romana, participó a favor de César en
las Guerras Civiles contra Pompeyo y, hacia el año 14 antes de Cristo
se fundó ya en el llano la colonia llamada “Augusta Firma Astigi”, una
gran ciudad de nueva planta, con calles pavimentadas trazadas en
retícula regular, cloacas y red de distribución de aguas, templos,
foro, termas y anfiteatro, junto a un puente por el que la Vía Augusta
cruzaba el Genil. Desde entonces fue la capital de un extensísimo
convento jurídico, uno de los cuatro en los que se dividía la Bética,
que comprendía 49 ciudades y abarcaba gran parte de las actuales
provincias de Córdoba, Granada y Jaén. Su principal riqueza derivaba
del cultivo olivarero y de la exportación del aceite a larga distancia,
empleando la vía fluvial por el Genil y el Guadalquivir y luego la
marítima desde Sevilla.
Mosaico Baco
La ciudad siguió siendo un importante
foco cultural y religioso a la caída del Imperio, en época visigoda,
cuando llegó a ser sede de un obispado, y en época islámica, en la que
fue capital de provincia durante el emirato y el califato. Los
cronistas árabes destacan la fertilidad y riqueza de su territorio, en
el que se asentó un importante poblamiento bereber. Los musulmanes
introdujeron los cultivos de regadío y, entre ellos, el algodón cuyo
desarrollo característico en Écija, llevó a acuñar el sobrenombre de Madînat al-qutn (“La ciudad del algodón”).
En mayo de 1240 Écija fue conquistada
por Fernando III y repartida entre nuevos pobladores castellanos, entre
ellos muchos nobles, las órdenes militares y la Iglesia. El desarrollo
de la gran propiedad terrateniente que ha marcado toda la historia
posterior, bajomedieval y moderna arranca, en buena medida, de este
reparto feudal y de su desarrollo en la Época Moderna.
Torre de San Juan
En 1402 Enrique III restituyó a Écija el
título de “Ciudad”. Los favores reales siguieron: Carlos I añade el
título de “Muy leal” al de “Muy noble” que ya ostentaba Écija. Felipe V
le otorga el nombramiento de “Constante, leal y fidelísima” en 1710.
Todo el siglo XVIII, considerado “El siglo de oro ecijano”, vive un
esplendor de construcciones civiles y de iglesias, vinculado a la
concentración de la propiedad y del poder eclesiástico y aristocrático:
no en vano en esta época radicaron en la ciudad unos 40 títulos
nobiliarios, 13 de ellos Grandes de España.
Mimada por la realeza, en 1880 Alfonso XII
otorga al Ayuntamiento el tratamiento de “Excelentísimo”. Ya en
nuestro siglo, concretamente en 1966, recibe un nuevo título, tan
merecido o más que los anteriores: el de “Conjunto
Histórico-Artístico”.
Fundación
La iglesia parroquial de San Juan Bautista data del Repartimiento
que se realizó tras la toma de la ciudad, formando parte de una de las
cuatro collaciones en las que se dividió el caserío ecijano. Su fábrica
respondía al tipo de iglesia gótico-mudéjar, de tres naves cubiertas
por armadura de madera y cabecera poligonal de cantería. Adosada a la
nave de la Epístola se encontraba la Capilla Sacramental. Sucesivas
reformas a lo largo de los siglos XVI y XVII cambiaron
significativamente la fisionomía interna del edificio, construyéndose en
el segundo cuarto del siglo XVIII la torre. La fábrica presentaba en
1776 inminente ruina, siendo derribada la iglesia en su totalidad para
su construcción de nueva planta. Mientras se realizaban las obras del
nuevo templo, la parroquia fue trasladada provisionalmente a la aledaña
Capilla Sacramental.
Iglesia
Los planos de la nueva fábrica fueron realizados por el arquitecto
cordobés Ignacio de Tomás en 1792, inspirándose en la basílica de San
Juan de Letrán de Roma. El edificio neoclásico proyectado contaba con
tres naves, cubiertas por bóveda de cañón y lunetos, con bóveda vaída
en el crucero.
Tras iniciarse las obras, éstas fueron suspendidas en 1807,
llegándose a construir las portadas y diversos elementos del cuerpo de
la iglesia. Por ello la parroquia continuó establecida en la Capilla
Sacramental hasta la actualidad.
Tras permanecer varios años en restauración y rehabilitación, con
la creación e intervención de dos Escuelas-Taller promovidas por la
Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con colaboración del
Ayuntamiento y del Servicio Andaluz de Empleo, la Iglesia fue
bendecida en 21 de marzo de 2006 por el Cardenal Arzobispo de Sevilla,
Carlos Amigo Vallejo. Capilla Sacramental
Fue la única parte que había quedado en pie de la antigua fábrica,
siendo reparada en 1794 bajo la dirección de Fernando Rosales, Maestro
mayor de obras del Arzobispado, derribándose la bóveda y la tribuna de
la capilla, construyéndolas de nuevo. Su planta es de cruz latina, de
una sola nave, con crucero, camarín y capilla bautismal. Situándose a
los pies de la nave el sagrario, cubierto por bóveda vaída acasetonada
sobre pechinas gallonadas. La nave se cubre con bóveda de cañón y
lunetos, media naranja sobre pechinas en el crucero y boveda esquifada
en los extremos. Torre
La antigua torre se situaba a los pies de la nave de la Epístola,
fue derribada para ser construida de nueva planta. Iniciada por los
alarifes ecijanos Lucas Bazán y Antonio Corrales, padeció mucho con el
terremoto de 1755, por lo que fue necesario derribar la obra e iniciar
otra bajo la supervisión de Pedro de Silva y la dirección de Fernando
Martín Bizarro. Se encuentra situada junto a la cabecera de la
inacabada iglesia. Consta de un elevado fuste realizado en ladrillo, en
el que se abre un balcón en uno de sus frentes con profusa decoración
de ladrillo tallado, alternándose en sus frentes vanos circulares. El
primer cuerpo, denominado de campanas, consta de dos vanos trilobulados
en cada uno de sus frentes, flanqueados por estípites y pinjantes,
elevados sobre pedestales. El segundo cuerpo se enmarca por una potente
balaustrada pétrea con remates decorativos, de cuyo centro emerge un
cuerpo circular de cuatro vanos de medio punto, flanqueados por
contrafuertes moldurados. El tercer cuerpo, también circular, de cuatro
vanos ciegos, se remata por el cupulín que sirve de base a un ángel
portador del estandarte de la Orden de Malta, que hace las veces de
veleta. La decoración del conjunto combina molduras, pinjantes, frisos,
escudos y capiteles de ladrillo tallado, elementos decorativos
pétreos, revocos pintados y cerámica azul vidriada. Esta última se
centra en pedestales, etípites, fajas, cupulín, etc. lo que crea un
efecto polícromo muy bello junto con el enfoscado de los cuerpos
superiores, que lo diferencian claramente del fuste de ladrillo limpio.
Palacio de Peñaflor
El palacio de Peñaflor, conocido también como los “balcones largos”, es un palacio urbano español del siglo XVIII de estilo barroco, situado en Écija, en la provincia de Sevilla, Andalucía.
Historia
El
palacio fue construido entre los años 1700 y 1775. Está declarado como
“Monumento Histórico-Artístico” desde 1962 y protegido como Bien de Interés Cultural.
El palacio fue residencia de la familia de Peñaflor hasta 1958, cuando
falleció la marquesa viuda sin descendencia. Desde entonces los bienes
fueron administrados por la Fundación de los Excelentísimos Señores
Marqueses de Peñaflor y de Cortes de Graena
Su archivo histórico es de un valor incalculable. En 1958 la marquesa viuda de Peñaflor
legó el palacio y todos su bienes para su restauración y puesta en
valor, si bien nunca llegó a cumplir sus últimas voluntades y se
vendieron tierras y palacio, este último en 1992 al Ayuntamiento de
Écija.
Descripción
El
edificio está situado en la antigua calle de los Caballeros y destaca
por sus formas curvas y por la profundidad que crea la fachada. Su
tendencia horizontal se rompe con la verticalidad de la portada, que es
de gran monumentalidad: adintelada con columnas sobre basamento que
sostienen un frontón mixtilíneo que alberga en su interior el escudo de
sus fundadores.
En el segundo cuerpo se abre un balcón que servía para que los Marqueses
hicieran sus apariciones públicas. El balcón, flanqueado por columnas salomónicas
sobre cabezas de leones, acentúa el carácter barroco. La torre-mirador,
cuadrada, también contribuye a romper la horizontalidad del edificio.
El palacio se organiza en torno a un patio central de mediados
del s.XVIII rodeado por todas las habitaciones de la vivienda
distribuidas en una planta baja y otra superior, teniendo veinte
columnas de mármol blanco con bellos capiteles En el centro una
elegante fuente de mármol con doce caños que se suma a otras muchas
repartidas por la casa, bajo la galería que forman los arcos, un
original friso que cubre la parte baja, formado a base de placas de
mármol negro de Córdoba, mármol rosa de Cabra y ágata de Lanjarón.
De gran interés artístico es la decoración de la escalera de
acceso a la planta alta: tres arcos de medio punto apoyando en dobles
columnas sobre pedestales preceden la cúpula de media naranja que cierra
la caja de la escalera. La cúpula, dividida por ocho costillas que se
unen en el centro por un florón, se decora toda con yeserías. Los
elementos que aparecen son querubines, conchas, hojas de acanto e
incluso dos estípites a ambos lados del retablo de Ntra. Sª. del
Rosario. Es un programa decorativo realizado por Cristóbal Portillo a finales del siglo XVIII
En su interior tiene espaciosos salones, luciendo algunos de
ellos airosos cupulines con delicados rosetones y rica marquetería. Son
importantes sus caballerizas con bella portada de estilo dórico y en sus interior tres naves con bóveda de arista sobre sólidas columnas.
Es famoso su largo balcón corrido que sigue la curva de la calle,
donde figuran pinturas al fresco policromadas, de paisajes con perfiles
y marcos arquitectónicos y trompe l'oeils, obra del artista madrileño Antonio Fernández. Contiene bellos trabajos de escayola y todo su mobiliario original.
Conservación
A pesar de estar catalogado como Monumento Nacional,
el palacio fue objeto de un intento para ser convertido en hotel.
Suspendido el proyecto, durante algunos años estuvo en estado de
abandono y ruina y sujeto a un preocupante deterioro. Afortunadamente,
el edificio fue objeto de una restauración que, en su primera fase, se
ocupó de la fachada, torreón, caballerizas y escalera abovedada, y en su
segunda fase (2019)del patio principal. Actualmente se busca
financiación para iniciar una tercera fase para la recuperación de las
habitciones adyacentes al patio principal.
Palacio de Valdehermoso
Palacio
construido en el siglo XVI, donde llama especialmente la atención su
bellísima portada plateresca, muy relacionada con el renacimiento
cordobés del siglo XVI y situado en la zona más privilegiada de Écija.
El palacio fue construido en 1530, en estilo plateresco. La portada
está colocada en el ángulo de la espaciosa barrera, cuyos puntos
iniciales lo forman robustos miradores que contienen en sus bases fustes
romanos de granito. Destaca su magnífica escalera del siglo XVIII.
El palacio de Benamejí
El palacio de Benamejí (también conocido como palacio de los Condes de Benamejí o de los Condes de Valverde) en la localidad de Ecija (provincia de Sevilla),
es una de las obras fundamentales de la arquitectura civil del siglo
XVIII en Andalucía. Se encuentra ligado en su origen al marquesado de
Benamejí, y posteriormente a los condes de Valverde. Su construcción
define de manera precisa la concepción particular que del estilo barroco
se tiene en la baja Andalucía.
En 1994 fue declarado Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional. Desde 1997 es sede del Museo Histórico Municipal de Écija.1
Historia
El edificio se construyó en el primer tercio del siglo XVIII por los marqueses de Benamejí.
A comienzos del siglo XIX, durante la ocupación francesa fue convertido
en cuartel. Pasó más tarde a ser propiedad de los condes de Valverde y
en 1906 fue adquirido por el Ayuntamiento de Écija que lo cedió a la
Remonta Militar que lo ocupó durante casi todo el siglo XX. Desde 1997
es la sede del Museo Histórico Municipal.2
El inmueble
El
inmueble, de grandes dimensiones, tiene sus elementos más destacados en
la fachada principal y en la magnífica escalera principal, tanto por la
propia fábrica como por el aparato ornamental. De gran importancia son
también el apeadero, las carroceras y caballerizas, así como el patio.
El edificio construido en el primer tercio del siglo XVIII,
presenta planta irregular. Originariamente, estuvo constituido por las
siguientes dependencias: Apeadero, carroceras, salones, panadería,
patios, oratorio, guadarnés, casapuerta, jardín, cocina, escalera
principal, caballerizas (con entrada independiente) y casa de labor .
Este conjunto de estancias se ha visto parcialmente afectado por las
reformas llevadas a cabo en el siglo XX. No obstante, siguen destacando
por su interés las fachadas, el apeadero, el patio y la escalera
principal, las caballerizas, el oratorio y los salones, así como las
dependencias nobles.
Fachada
La
fachada principal, de gran monumentalidad, está realizada en ladrillo.
Se estructura en dos cuerpos, con portada en el centro y torres-mi-
radares en sus extremos. El cuerpo inferior, presenta zócalo corrido
sobre el cual se apoyan pilastras que recorren también el siguiente
cuerpo. Este, a su vez, está decorado por balcones cuyos vanos aparecen
reenmarcados por molduras mixtilíneas, con frontón movido y remates
superiores que llegan a interrumpir el desarrollo de la cornisa.
La portada principal, situada en el centro de dicha fachada, es de gran
monumentalidad, y aporta una nota de variedad y riqueza ornamental. Está
estructurada en dos cuerpos. El primero se compone de vano de acceso
adintelado, flanqueado por cuatro columnas de mármol (situadas en
distintos planos) sobre pedestales, y con molduras curvilíneas. La parte
superior de este cuerpo está recorrida por una cornisa movida, que da
paso a la balconada superior. El segundo repite el esquema del anterior,
con algunas variantes. El vano presenta en su parte superior arco
mixtilíneo, con profusa decoración de molduras. Coronando todo esto se
encuentra un escudo, sostenido por dos figuras, y perteneciente a la
familia Bernuy.
En los extremos de la fachada principal se sitúan dos
torres-miradores. De planta cuadrada, presentan dos cuerpos, separados
por moldura. En el primero, muestran un balcón de características
similares a los presentados en el resto de la fachada, mientras en ei
segundo destacan arcos ciegos de medio punto, con vanos rectangulares en
cada uno de sus lados. Todo ello se remata con chapitel poligonal
recubierto de tejas.
El acceso al inmueble se realiza a través del vestíbulo. Tras él,
se accede al patio del apeadero, mediante arco rebajado realizado en
ladrillo, con remarques en tendel y ornamentación de pinjantes en
arranques y clave.
Patio y escalera del palacio de Benamejí.
Patio
El patio es
de planta rectangular y en su costado derecho se abre una portada en
piedra, que da acceso a las caballerizas. Estas se caracterizan por
presentar planta rectangular de tres naves, separadas por columnas
toscanas de mármol y arcos de medio punto en ladrillo; la cubierta, por
su parte, se resuelve a base de bóvedas baídas. A ambos lados de los
muros de cerramiento se sitúan pesebres o abrevaderos, decorados en sus
zócalos con pinjantes. Las caballerizas conservan la primitiva entrada
independiente.
En el costado izquierdo del patio se encuentra el salón del
palacio, tras el cual se abre el antiguo jardín. No obstante, el
elemento más destacado del patio se encuentra en su frente principal.
Bajo una balconada ricamente decorada aparece un arco rebajado en
ladrillo, que da acceso a la escalera principal. La escalera, magnífica
construcción que responde al tipo imperial, consta de dos tramos
ascendentes, los cuales a través de un descansillo, conducen a un único
tiro superior, de disposición contraria. La escalera se abre con un
triple arquería lobulada, sostenida por pares dc columnas de mármol
sobre pedestales. El espacio de la caja de escalera se cubre con bóveda
de media naranja sobre pechinas. En planta, y bl\jo el arco central de
la misma, se abre una puerta que conduce al patio principal. A cada lado
de la escalera se disponen varias dependencias, que en su día sirvieron
para distintos menesteres: Panadería, sala de recepción ... Entre ellas
destaca la capilla u oratorio, que se encuentra a la izquierda. Es de
pequeñas dimensiones y planta rectangular.
De gran importancia es también el patio central. Presenta planta
cuadrada y doble galería porticada, con columnas toscanas de mármol y
cuerpo cúbico a modo de cimacio los arcos son de medio punto en el piso
inferior y rebajados en el superior. Estos arcos están realizados en
ladrillo y presentan decoración de ménsulas y pinjantes en clave y
enjutas. El cuerpo alto está recorrido por un barandal metálico. En el
centro de dicho patio destaca una fuente de traza poligonal.
Alrededor del patio se sitúan otras estancias del palacio:
Salones, comedores y dormitorios. Estas se caracterizan por ser de
planta rectangular y por poseer cubiertas adinteladas con recias vigas
de madera. Entre ellas destaca un gran salón, inmediato al desembarco de
la escalera. A la izquierda del conjunto del patio principal se ubica
la antigua casa de labor, hoy muy transformada.
Parroquia de Santa María
Situada en pleno centro de la ciudad de Écija, al lado de la casa consistorial, la Parroquia de Santa María data
del siglo XVIII, pues fue construido sobre un antiguo templo mudéjar de
los siglos XVI y XVII dañado por el Terremoto de Lisboa. Destaca su
interesante colección arqueológica, con piezas de diferentes épocas y
culturas.
La iglesia, de planta rectangular y aire
neoclásico, está formada por tres naves cubiertas por bóvedas vaídas,
capilla mayor con bóveda de cañón y lunetos y capilla sacramental
adosada a la nave del Evangelio. El crucero aparece cubierto por una
cúpula sobre pechinas que aporta una gran luminosidad al conjunto. Junto
a la portada principal se erige la torre. De clara inspiración en la
Giralda, esta imponente torre sufrió reforma tras perder el cuerpo de
campanas en el terremoto de 1755. La imagen actual alterna dinteles y
medio punto con decoración de azulejos y óvalos.
En
el interior destaca su profusa labor decorativa, tanto escultórica como
pictórica, que reviste las diferentes naves y retablos que componen toda
la iglesia. Cabe subrayar el retablo del altar mayor, que se eleva a
modo de columna tallada y decoración rococó, donde se encuentra la
imagen de la Asunción, y la interesante pintura en tabla que representa a
la virgen de la Antigua, atribuida a Villegas Marmolejo. También destacar un ejemplo de escultura funeraria, realizado para Dª Teresa López de Córdoba y Lope Suárez de Figueroa.
El Museo Parroquial de Écija
se encuentra instalado en el patio de la iglesia, donde muestra una
colección de restos arqueológicos prehistóricos, romanos y árabes. Una
de las piezas más valiosas es la cabeza en mármol de Germánico, de época
romana.
La iglesia de la Limpia Concepción de Nuestra Señora
La iglesia de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Écija, más conocida como iglesia de Los Descalzos, se encuentra a intramuros de esta localidad.
Se ubica en la calle de la Marquesa, cercana al convento de las Teresas, de la rama femenina de la misma Orden. Frente a su portada se abrió en la muralla la llamada Puerta de los Carmelitas, que da acceso a la calle Cavilla ya a extramuros de la ciudad.
Historia
Esta iglesia perteneció al convento de los Padres Carmelitas Calzados desde su fundación en 1591
hasta la desamortización. En 1910 la orden religiosa volvió a tomar
posesión de una parte del edificio, ya que las dependencias conventuales
fueron derribadas, y en parte adaptadas, para la construcción del Asilo
de ancianos regido por las Hermanitas de los Pobres.
La fundación del convento corrió a cargo del regidor Sancho de Rueda y
de su esposa María de Cárdenas, contando con el apoyo de Fray Agustín de
los Reyes. El regidor y su esposa donaron unas casas en la calle de la
Marquesa que pertenecieron al Conde de Biedma, y allí se construyó el
convento. La comunidad religiosa tomó posesión de ellas el 19 de septiembre del citado año 1591.
Tras su desamortización, en 1910 la orden religiosa volvió a
tomar posesión de parte del edificio, ya que parte de las dependencias
conventuales fueron demolidas y en parte adecuadas para convertido en un
asilo para ancianos que fue regido por la comunidad de las Hermanitas
de los Pobres. La comunidad estuvo presente en la localidad hasta
mediados del siglo XX, cuando pasó a estar bajo la jurisdicción de la iglesia parroquial de Santa María.
Iglesia
De aquel histórico conjunto monástico nos ha quedado en la actualidad su iglesia, conocida como "de los descalzos".
Organizada según una única nave de planta de cruz latina y capillas laterales entre los contrafuertes comunicadas entre sí, coro alto a los pies y presbiterio con testero plano, tras el que se ubica la sacristía.
La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos y cúpula sobre pechinas en su encuentro con el crucero.
Su inauguración tuvo lugar en el año 1614, si bien fue luego totalmente transformada a lo largo del siglo XVIII cuando se le añadió la rica decoración de yeserías y pinturas murales, que dotan al templo de una especial impronta barroca. La elaboración de sus ricas yeserías llegó a su grado más alto entre los años 1760 y 1770,
presentando abundantes motivos de rocalla de aquella época. En el
conjunto de las pinturas murales destaca la temática relacionada con la
representación de santos carmelitas y los anagramas de la orden,
icluídos en un amplio repertorio de formas mixtilíneas donde se combinan
la decoración de placas recortadas, elementos vegetales, rocallas y
figuras antropomorfas.
Además de todo un repertorio de imaginería propia de la Orden, (Santa Teresa o San Juan de la Cruz), distintos retablosbarrocos y algunos bienes muebles, como por ejemplo el órgano fechado en el tercer tercio del siglo XVIII.
La espadaña de la antigua torre consta de dos cuerpos y tres vanos de medio punto para las campanas. El terremoto de 1755 le afectó gravemente, habiéndose sometido a labores de reconstrucción.
Palacio de Santaella
Localizado en Écija, es de sumo interés la portada principal de la fachada del Palacio de Santaella,
obra del primer tercio del XVIII. Posee elementos ornamentales
singulares consistentes en figuras antepuestas a las pilastras a modo de
cariátides. La misma estructura se repite en el segundo cuerpo rematado
por un edículo en el que se ubica el escudo heráldico de la Familia.
En
un lateral de la fachada se ubica un retablo callejero decorado con
pinturas murales con la advocación de la Virgen de Valvanera que posee
todo el encanto de la época.
Accediendo al interior encontramos el
patio, muy característico de las grandes mansiones barrocas ecijanas.
La escalera de acceso a la planta superior, de gran suntuosidad, es de
dos tramos y su caja se cubre de cúpula profusamente decorada con
motivos pictóricos ya de la segunda mitad del siglo XVIII, es obra muy
relacionada con la fachada del Palacio de Peñaflor, probablemente realizada por el mismo taller
Es muy interesante la carpintería del Palacio de Santaella, con magníficas puertas talladas.
Del jueves 21 de junio de 2018 al domingo 13 de enero de 2019 estarán expuestas en el Archivo General de Indias de Sevilla
tres obras de Murillo procedentes de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando de Madrid. Se trata de tres pinturas realizadas por el
artista sevillano: “La resurrección del Señor” (originalmente situada en
la capilla del Museo), “Éxtasis de San Francisco de Asís” (del Convento
de San Francisco) y una versión temprana de “La Magdalena”. Estas dos
últimas acaban de ser restauradas por el Instituto de Patrimonio
Cultural de España (IPCE). Consulta otras exposiciones del Año Murillo en Sevilla y la agenda completa de exposiciones en Sevilla.
Exposición: “Murillo” en el Archivo de Indias de Sevilla Dónde:Archivo General de Indias de Sevilla, avenida de la Constitución, 3. Cuándo: del jueves 21 de junio de 2018 al domingo 13 de enero de 2019. Horario: de martes a sábados de 9:30 a 17 horas y domingos y festivos de 10 a 14 horas. Precio: entrada gratuita.
La exposición ‘Murillo. IV Centenario’, la
primera muestra antológica dedicada al pintor sevillano en su ciudad
natal, podrá verse en el Museo de Bellas Artes de Sevilla (MBASE) entre
el 29 de noviembre y el 17 de marzo de 2019. Comisariada por Ignacio Cano y Valme Muñoz, directora de la pinacoteca, la exposición del Bellas Artes está integrada por 55 lienzos,
entre ellos tres del propio museo y otros procedentes de países como
Inglaterra, Francia, Alemania, México o EEUU, prestados por colecciones
privadas e instituciones, españolas y extranjeras, como la Tate Gallery
de Londres, el Museo del Prado, el Louvre de París y el MET de Nueva
York. Estas piezas se suman a las 17 de la exposición de los Capuchinos
que aún puede verse en la Sala V del Museo, por lo que serán en total 72 obras de Murillo reunidas en el mismo espacio.
Concebida
como un gran acontecimiento cultural, esta exposición, de más de 50
obras, se propone contribuir a un mejor conocimiento del principal
artista del barroco sevillano en su ciudad, pues buena parte de su
pintura salió tempranamente de ella hacia otros lugares.
Se trata
de la primera antológica de Murillo que se celebra en Sevilla, si bien
prestigiosas pinacotecas de otras capitales han rendido homenaje a su
figura y su producción. Así, el Museo del Prado en Madrid y la Royal
Academy de Londres, esta última en 1983. Pero han pasado 35 años y
Murillo exige que le celebremos con una antológica que presente lo más
escogido de su trabajo.
La muestra establecerá, además, una
relación con otros espacios de la ciudad que albergan obras del maestro.
El proyecto ofrece un discurso estructurado en torno a su diversidad
temática, de lo popular a lo religioso, a fin de superar prejuicios como
el de Murillo como pintor de Inmaculadas y descubrir al artista que
introduce un tratamiento insólito de los temas tradicionales,
simplificando las iconografías y ofreciendo una versión más intuitiva.
Asimismo,
en cuanto a autor de pinturas de género, Murillo también logra
adelantarse al gusto de la época, convirtiéndose en un referente que
contará con numerosas reinterpretaciones en toda Europa desde finales
del siglo XVIII. Sobre estos temas girará esta muestra para la que
viajarán obras de instituciones españolas y extranjeras así como otras
pertenecientes a colecciones privadas.
Originalmente la Parroquia de Santa Cruz se estableció en la sinagoga que ocupó el solar de la actual Plaza de Santa Cruz, derribada a principios del siglo XIX, en tiempos de la dominación francesa.
A raíz de esos hechos, la parroquia se trasladó al convento
desamortizado de los Clérigos Menores, tomando la advocación del
"Espíritu Santo", siendo el resto del convento ocupado con un colegio. https://sevillapedia.wikanda.es/wiki/Plaza_de_Santa_Cruz_(Sevilla)
Prof. Enrique Valdivieso experto en pintura barroca
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617–3 de abril de 1682) fue un pintor barroco español. Formado en el naturalismo tardío, evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno con una sensibilidad que a veces anticipa el Rococó en algunas de sus más peculiares e imitadas creaciones iconográficas como la Inmaculada Concepción o el Buen Pastor en figura infantil. Personalidad central de la escuela sevillana, con un elevado número de discípulos y seguidores que llevaron su influencia hasta bien entrado el siglo XVIII, fue también el pintor español mejor conocido y más apreciado fuera de España, el único del que Sandrart incluyó una breve y fabulada biografía en su Academia picturae eruditae de 1683 con el Autorretrato del pintor grabado por Richard Collin.2
Condicionado por la clientela, el grueso de su producción está formado
por obras de carácter religioso con destino a iglesias y conventos
sevillanos, pero a diferencia de otros grandes maestros españoles de su
tiempo, cultivó también la pintura de género de forma continuada e independiente a lo largo de buena parte de su carrera.3
La fachada es de dos cuerpos y está profusamente decorada como
fachada retablo; en ella se alterna la piedra y el ladrillo como
materiales de construcción. Está flanqueada por dos torres octogonales.
El segundo cuerpo consta de 5 ventanas, la central enmarcadas por columnas salomónicas. Más arriba el Escudo de España coronado por los tres arcángeles.
Interior
Cuenta
con una planta de cruz griega. Sobre ella una espléndida cúpula, todo
ello sustentado aparentemente por 16 columnas salomónicas. En realidad
las columnas salomonicas no soportan el peso de la cupula, se trata de
una ilusión, la estructura esta sustentada por cuatro pilares que estan
ahuecados para albergar en su interior otras tantas capillas. Mar
arriba, en el segundo cuerpo, existe una tribuna con ocho arcos de medio
punto y un conjunto de balcones cerrados con celosías sobre los pilares
que soportan la cúpula. 1
Interior de la cúpula central de la Iglesia de San Luis, pueden observarse las columnas salomónicas.
Contenido artístico
Retablo central
Retablos
Los retablos que son en su mayor parte tanto en el aspecto escultórico como arquitectónico obra de Duque Cornejo, mientras que la mayoría de las pinturas que se integran en ellos son de Domingo Martínez quien las realizó entre 1743 y 1750.
El retablo mayor está presidido por un lienzo de san Luis (rey Luis IX de Francia) y los seis laterales están dedicados a diferentes santos jesuitas.2
Retablo mayor. Está presidido en su calle central por un lienzo de San Luis de la escuela de Zurbarán, una preciosa Inmaculada de Duque Cornejo y un cuadro de la Virgen con el Niño de estilo manierista y autor anónimo, que debió de realizarse a finales del siglo XVI.
Retablo dedicado a san Francisco de Borja.
El santo se representa portando un cráneo con corona en la mano
izquierda para simbolizar el desengaño que sufrió cuando fue comisionado
para trasladar el cuerpo de la emperatriz Isabel de Portugal
desde Toledo hasta el mausoleo de los Reyes Católicos en Granada. Al
abrir el ataúd para identificar el cadáver y contemplar el cuerpo en
putrefacción de la emperatriz, quedó muy impresionado, se prometió "nunca más servir a señor que se pueda morir" y decidió dedicar su vida a Dios. Pueden leerse entre otros los emblemas Roseos lvx efvgat alma colores (una luz fecunda disipe los colores rojizos) simbolizado por un paisaje con disco solar y Vitae melioris origo (origen de una vida mejor) simbolizado por ave fénix surgiendo de sus cenizas. 3
Retablo dedicado a san Estanislao de Kostka.
Es gemelo del dedicado a san Francisco de Borja. El Santo se representa
portando el Niño Jesús en sus brazos, para recordar la aparición
milagrosa de la Virgen que salvó a San Estanislao de una grave
enfermedad, entregándole su hijo durante unos instantes, tras lo cual le
manifestó su deseo de que entrase en la Compañía de Jesús. La talla
principal encarna el ideal del buen novicio que será recompensando,
incluso en vida, por la divinidad. Se intenta recalcar el ejemplo de
renuncia a la vida mundana de un príncipe polaco que abandona su
posición privilegiada en el mundo, bienes terrenales y familia, para
emprender un largo viaje a través de Europa e ingresar como novicio en
la Compañía de Jesús. Además de la talla principal, en el retablo se
representan numerosas escenas de la biografía del Santo, entre ellas la
aparición de la Virgen cuando le pide que ingrese en la Compañía, la
aparición de la Trinidad
a Estanislao cuando este era solo un niño, su estancia en la cama
cuando se encontraba enfermo y se le aparece el Niño Jesús y el episodio
en que recibe la comunión de Santa Bárbara. La simbología incluye entre otras representaciones una brújula orientada hacia una estrella y el firmamento estrellado, Plus diligit omnibus unam (la quiere a ella sola más que a ninguna).
Retablo dedicado a San Ignacio de Loyola. Es un retablo vitrina en el que se representa San Ignacio arrodillado en el episodio de la cueva de Manresa.
Retablo dedicado s San Francisco Javier en el que este se representa recuperando el crucifijo regalo del fundador.
Retablo dedicado a San Luis Gonzaga.
La imagen principal fue realizada poco después de la canonización que
tuvo lugar en 1727, esta talla se considera como una de las más valiosas
del templo, siendo destacable el suave movimiento aparente de la
escultura como si estuviera mecida por un viento que le transmitiera
vida propia.
Está
situada bajo la nave principal y permite observar la sistemática que se
empleó en el proceso de construcción. Durante los trabajos de
restauración se han rescatado los restos óseos de numerosos cadáveres,
la mayoría mujeres, posiblemente monjas, también de niños y varones
probablemente jesuitas y novicios.
Capilla Doméstica
Se
encuentra en el antiguo noviciado, separada de la iglesia principal y
se concluyó previamente a esta, ya que fue bendecida el 23 de junio de
1712. Presenta una única nave y sus dimensiones son más reducidas pues
se utilizaba como iglesia privada a la que no tenían acceso los fieles.
Está cubierta con una bóveda de cañón sobre arcos fajones y se comunica con la sacristía que cuenta con una bóveda esquifada.
Presenta una rica ornamentación que incluye numerosas pinturas,
cornucopias de madera tallada, medallones de yeso policromado y un
espectacular retablo realizado por Duque Cornejo.4
Retablo de la Capilla Doméstica
Retablo de la Capilla Doméstica realizado por Duque Cornejo
Está inspirado en la figura 71 del primer libro escrito por el hermano jesuita Andrea Pozzo.
Se dispone siguiendo una escenografía semitransparante y de contraluz
que hace posible transmitir al espectador una sensación de sorpresa y
admiración al contemplarlo. El tallado es muy detallista, contando con
numerosos temas eucarísticos como racimos de uvas, hojas de cardo y
espigas de cereales. La obra en general destaca por la calidad de
ejecución y la gran belleza de las esculturas. El diseño responde a una
exaltación de la Eucaristía, en el centro se encuentra la imagen de la
Virgen María que fue regalada por san Francisco de Borja flanqueada por 2
ángeles, a ambas lados las tallas de Estanislao de Kostka representada
con el Niño Jesús en sus brazos y Luis Gonzaga, sobre ellos sendos
medallones en los que se encuentran talladas las escenas de la
predicación de San francisco Javier y San Francisco de Borja. En el
ático del retablo se representa la escena en la que se recibe a
Estanislao de Koska en el noviciado de Roma. Sobre la cornisa, pueden
contemplarse varias figuras que representan a las virtudes.5
Artistas
Los principales artistas que intervinieron en la creación de la iglesia de San Luis de los Franceses son:
Su
fundación data de la segunda mitad del siglo XIII, o sea, casi
inmediatamente después de ser reconquistada la ciudad por Fernando III
el Santo, siendo una de las iglesias denominadas alfonsinas, edificadas
durante el reinado de Alfonso X el Sabio,
El historiador Ortiz de Zúñiga consideró que pudo construirse sobre el
solar de alguna antigua mezquita, cuyos restos todavía hoy se conservan
en la base de la torre y en la Capilla del Sagrario. Perteneciente al
interesante grupo de las iglesias gótico-mudéjares de la ciudad, de su
primera época se conservan la cabecera y el tramo transversal.
Pronto sería reformada en el siglo siguiente, cuando se levantaron
sus tres naves, las dos portadas góticas de arcos apuntados, una en el
lado del evangelio y la otra en el de la epístola, y la torre.
Posteriormente sería remodelada y ampliada en el XVIII, cuando se
edificó la capilla transversal, se sustituyeron por otras las viejas
techumbres de madera, y se levantó el cuerpo de campanas de la torre. En
el siglo XIX se remodeló el presbiterio, y en 1939 se volvieron a
cambiar sus techumbres.
Fue transformada a principios del siglo XIV y remodelada en el siglo XVIII. Finalmente fue restaurada en el siglo XX tras ser saqueada y quemada durante los disturbios de 1936, enmarcados dentro de la Guerra Civil Española.
Su estructura en planta es de tres naves de dos tramos cada una, más
un cuerpo transversal a modo de crucero, y un ábside poligonal. Las
naves se cubren con las habituales armaduras de madera de reciente
construcción, mientras que la Capilla del muro de la epístola lo hace
con bóveda apoyada sobre trompas. El falso crucero cuenta con un
antepresbiterio rectangular en el centro, la torre mudéjar a la
izquierda, y la capilla del siglo XVIII a la derecha.
El edificio
Del
exterior, uno de los detalles que merecen especial atención por su
singularidad se encuentra en su ábside, donde los tradicionales
contrafuertes se presentan apoyados sobre columnas de acarreo, esto es,
columnas tomadas de otros edificios anteriores para ser aprovechadas en
las nuevas obras que se van ejecutando. Al parecer fueron colocadas en
tiempos del rey Pedro I el Cruel.
Situada en las proximidades de la muralla de la Macarena, la iglesia
está adosada a la basílica de su mismo nombre, y comunicada
interiormente con ella a través de un pequeño paso de conexión.
Su estilo corresponde al gótico-mudéjar tan característico en la ciudad. Consta de tres naves y un ábside de nervaduras de piedra; la torre se halla en el lado de la Epístola. En el interior conserva obras de Juan de Espinal, de José Ordóñez y de Francisco Buiza.
En su interior guarda lienzos del siglo XVIII de Domingo Martínez y
de Juan de Espinal, así como un crucificado del XVII del círculo de
Martínez Montañés. En el presbiterio destaca un viejo zócalo alicatado,
con dibujos de temas geométricos, obra de finales del siglo XIII.
Bien de Interés Cultural, la iglesia de San Gil está catalogada como
Monumento, y así aparece publicado en la Gaceta de Madrid de fecha 1931.
Hermandades
Actualmente esta iglesia alberga tres hermandades:
Hermandad Sacramental, que se encarga de organizar la comunión de impedidos en Tiempo Pascual.
Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, que hace una procesión en fechas cercanas al 16 de julio.
Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Sevilla-Macarena, que peregrina al Santuario del Rocío en la romería de Pentecostés.
El
nuevo templo estaba destinado a albergar a las Imágenes Titulares de la
Hermandad de la Macarena, que hasta entonces se veneraban en su capilla
de la Parroquia de San Gil, incendiada en 1936.1
Su construcción fue iniciada en 1941, cuando el 13 de abril, Pedro Segura y Sáenz, arzobispo de Sevilla, bendijo los terrenos en los que se edificó y colocó la primera piedra del templo; y finalizada el año 1949, siendo bendecida el 18 de marzo por el mismo arzobispo y actuando como padrinos Queipo de Llano y Serafina Salcedo, y consagrada por el cardenalJosé María Bueno Monreal, arzobispo de la ciudad, el 7 de octubre de 1966.
La obra fue llevada a cabo por el arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán, y se trata de un edificio de una sola nave con capillas laterales.2 El templo obtuvo la dignidad de Basílica Menor por una bula de 12 de noviembre de 1966 concedida por el papaPablo VI, siendo de este modo el primer templo sevillano en ostentar esta dignidad.
Descripción
Techos de la basílica.
Capilla y camarín de la Macarena
El retablo del altar mayor es de estilo neobarroco y alberga la Virgen de la Esperanza Macarena, una imagen anónima de finales del siglo XVII o principios del XVIII. Fue realizado en 1949 por Juan Pérez Calvo y Rafael Fernández del Toro; la imaginería es del gaditano Luis Ortega Bru y el dorado de Antonio Sánchez. El conjunto tiene una altura de 12 m y se dispone en dos cuerpos y ático que alberga alegorías de las tres virtudes teologales cristianas.2
La decoración del camarín de la virgen fue ejecutada por Fernando
Marmolejo Camargo, así como la embocadura de plata del camarín simulando
el frente de un paso de palio, en sustitución del anterior obra de Juan
Pérez Calvo..
Capilla y camarín de la Sentencia
La primera capilla del lado del Evangelio está destinada al culto de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, una imagen de vestir realizada por Felipe de Morales en 1654. La imagen se sitúa en un altar que el taller de Pérez Calvo realizó en 1951, y es una donación de los funcionarios del Ministerio de Justicia. Está inspirado en el barroco,
y compuesto de un cuerpo con tres calles, presidiendo el central el
camarín del Señor. La imaginería también es de Ortega Bru, y las calles
laterales sostienen cartelas de San Gonzalo y Santa Genoveva, y el conjunto está rematado por un relieve de la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad.2
Capilla del Rosario
Es
una capilla situada a la derecha del altar mayor en la que se encuentra
la imagen de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, titulares de la
Hermandad de la Macarena. Esta imagen procesiona el último domingo de
octubre, en una multitudinaria procesión por las calles del barrio.
¿Deberíamos decir huida DE Egipto o huida A Egipto? Nos decantamos más por la segunda opción, pues el pasaje biblico habla de la persecución y posterior huida a Egipto tras el nacimiento de Jesús.
Obra muy idónea para estas fechas de Bartolomé Esteban Murillo. Pintura barroca sevillana del siglo XVII.
Podemos observar una obra característica de Murillo con una pincelada suelta a la vez que precisa. El estudio de profundidad viene marcado por el árbol del fondo y el cielo gris amenazante, símbolo de los terrores que acechan al niño Jesús, la orden de Herodes de matar a todos los recién nacidos.
En cuanto a la composición de las figuras observamos una línea descendente desde María subida al burro y marcada por la bara que lleva José en la mano, que finaliza en el hocico blanco del animal. Las cuatro figuras parecen danzar armoniosamente en un círculo concatenado de importancia, donde el foco de luz mana de la figura del niño Dios, dando tonos más apagados a la figura de José y contraponiendo la escena en dos planos.
Posiblemente sea una de las obras más bellas del Barroco sevillano, donde se dan la mano detalles de realidad y de cotidianeidad y de cercanía con otros de carácter divino como son las figuras llenas de luz del niño Jesús y la Virgen María, personaje que tuvo una enorme importancia en la Contrarreforma del Concilio de Trento, lo que hizo que la Iglesia Católica se desmarcara claramente de las ideas reformistas de Lutero y de Calvino.
La religión determinó muchas de las características del arte barroco. La iglesia católica se convirtió en uno de los mecenas más influyentes y la Contrarreforma, que quería combatir la difusión del protestantismo, contribuyó a la formación de un arte emocional, dramático y naturalista, con un claro sentido de propaganda de la fe. La temática tratada, por tanto, será casi exclusivamente religiosa.
En España predominan las imágenes religiosas talladas en madera (imaginería) que posteriormente se policroman. Entre los trabajos más destacados están los retablos para altares de iglesias donde aparecen figuras exentas y en bajorrelieve. Los temas mitológicos y profanos están ausentes y sólo en el ámbito de la corte se da escultura monumental.
Las características generales son: sentido de movimiento, energía, tensión, composición asimétrica con predominio de las diagonales y los escorzos, fuertes contrastes de luces y sombras que realzan los efectos escenográficos y el naturalismo.
Las figuras no son simples estereotipos, sino que se presentan de forma individualizada, con personalidad propia. Los artistas buscaban la representación de los sentimientos interiores, las pasiones reflejadas en los rostros de los personajes.
Podemos hablar de la existencia de dos grandes escuelas: la castellana y la andaluza.
Escultura Barroca: la Escuela Castellana
Centrada en Valladolid y Madrid, presenta un realismo exagerado, patético, lleno de dolor y sangre, con un profundo dinamismo y unos rostros de gran expresión, pero sin caer en vulgaridades.
Gregorio Fernández (1576-1639)
De origen gallego, se instaló en Valladolid donde creó un taller con numerosos seguidores. A través de la anatomía intenta revelar la vida interior de sus personajes. Las cabezas son enormemente expresivas. Los ropajes, de formas quebradas y ricas en claroscuro, intensifican su expresión.
En la larga serie de Cristos Yacentes se aprecia la evolución de su estilo, transformando las dulces formas manieristas en otras más naturalistas. Ejemplo, El Cristo Yacente del Pardo. El Cristo de la Luz de la capilla de la Universidad de Valladolid muestra ya un gran realismo dramático.
Realizó Vírgenes Dolorosas y también trató el tema de la Inmaculada, como las que realizó para San Francisco de Valladolid o la de San Esteban de Salamanca.
Trabajó en grandes retablos que suponen la ejecución de numerosas estatuas y relieves, como el Retablo Mayor de la Iglesia de San Miguel de Vitoria o el retablo del Convento de las Huelgas en Valladolid.
Impulsó el género procesional con varios grupos para los Pasos de Semana Santa. En ellos la composición intenta conjugar las actitudes de las diferentes figuras, logrando atrevidas visuales de escorzo y de abajo a arriba. Ejemplos: el paso Tengo Sed o el del Descendimiento.
Escultura Barroca: la Escuela Andaluza
Se extiende por Sevilla, Granada y Málaga. Huye del realismo exagerado buscando la belleza sin rehusar del contenido espiritual. El realismo se idealiza predominando la serenidad y las imágenes bellas y equilibradas con un modelado suave.
Juan Martínez Montañés (1568-1694)
Es el creador de la escuela sevillana. Su producción es casi toda religiosa. Su talla está bien modelada, sus ropajes voluminosos dan grandiosidad a la imagen y concede gran importancia a la anatomía.
La obra que revela su verdadera personalidad es El Cristo de la Clemencia en la catedral de Sevilla. Sin excesivo dramatismo, con poca sangre y aún vivo, mira hacia abajo en actitud de conversar con el devoto. Responde al crucifijo con dos clavos en los pies, pero para evitar demasiada simetría, las piernas aparecen cruzadas.
Ejecutó obras tan importantes como el Retablo de Santo Domingo, de la que sólo se conserva la estatua de Santo Domingo, que se halla en éxtasis, aunque la expresión sea de calma, de oración interior.
En el Retablo de San Isidoro del Campo, de Santípoce, en Sevilla, destaca la figura de San Jerónimo, que está visto en todo su volumen porque saldría en procesión. Su expresión llega al máximo.
Crea el tipo de Niño Jesús desnudo, delicioso y bello. El de la Catedral de Sevilla desprende ternura, colocado sobre un cojín, extiende sus brazos demandando un abrazo. Supone un acercamiento a los afectos humanos.
La Inmaculada ocupa un lugar especial en su iconografía. Para la catedral de Sevilla hace una Virgen que es una mujer joven, con el manto caído sobre los hombros, con la cabeza levemente inclinada y una pequeña sonrisa ingenua y melancólica que la dota de gran religiosidad.
Juan de Mesa (1583-1627)
Se formó como aprendiz en el taller de Montañés. Sus clientes fueron principalmente cofradías procesionales. El crucifijo es el tema más frecuente en su producción y en especial, las imágenes de Cristo antes de la muerte.
La culminación de su dramatismo está en El Jesús del Gran Poder de la Iglesia de este nombre en Sevilla. Es una imagen procesional de vestir, es la imagen sufriente y envejecida por la cruenta pasión.
Alonso Cano (1601-1667)
Fue un artista completo, pintor, escultor y arquitecto. Su producción pasa por tres momentos, sevillano, madrileño y granadino.
En Sevilla realiza el Retablo de la Iglesia de Nuestra Señora de Oliva de Lebrija. La Virgen de Oliva muestra su estilo idealizado, que aparece de forma solemne, casi hierática, recogiendo su manto en la parte superior.
Para la catedral de Granada hace una Inmaculada. Con la cabeza inclinada, abstraída, parece sobreponerse al espacio y al tiempo. El manto la envuelve en amplias curvas. Se trata de pequeñas imágenes con las que crea tipos nuevos, con un equilibrio armónico entre el idealismo y el realismo.
Pedro de Mena (1628-1688)
Es el gran maestro de la escultura en Granada y fue colaborador de Alonso Cano. Su estilo desde gran virtuosismo. Le gusta la quietud, concentrando la atención en la cabeza y las manos. Huye de la exaltación del dolor, sus rostros están levemente estilizados, sus figuras son lánguidas y contemplativas.
Dos de sus mejores estatuas son el San Francisco de la catedral de Toledo y la Magdalena Penitente para los jesuitas de Madrid. Ésta última, es una figura juvenil, llena de angustia, que sujeta con fuerza un crucifijo con la mano izquierda y con la derecha se oprime el corazón. El punto de mayor expresividad es el rostro, que da idea de inmenso sufrimiento y que proclama la contenida emoción de un arrepentimiento.